
Dos amiguitas jugaban en la playa construyendo castillos de arena. Una de ellas vio pasar a una tercera y le comentó a su compañera:
- Me gustaría tener el papá de Ana.
- Pero si tú ya tienes uno.
- Ya, pero a mí me gustaría tener el suyo.
- ¿Por qué? ¿No te gusta el tuyo?
- ¡Claro que sí! ¡Mucho! Me lleva al parque para jugar, a la playa para bañarme... y siempre me lee un cuento antes de dormir.
- ¿Entonces?
- Pero el de Ana siempre le compra cosas preciosas de princesas.
- Pero no puedes tener dos papás.
- ¿Por qué no?
- Porque entonces Ana se quedaría sin papá.
- Es verdad...
- ¿Por qué no le pides al tuyo que te compre cosas de princesas?
- Ya lo he hecho. Pero me ha dicho que no debo ser caprichosa, y conformarme con lo que tengo.
- Pues eso.
Y la pequeña siguió construyendo castillos de arena, de los que imaginaba ser la princesa.








